Page 47 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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ajustase al Sol, de la misma forma que la Luna se
veía obligada a presentar siempre la misma cara a
la Tierra. Ya había sido testigo de ese fenómeno en
mi primer viaje al futuro: pero era algo que no
ocurriría hasta pasados muchos millones de años.
Y sin embargo, ¡a poco más de medio millón de
años en el futuro me encontraba con una Tierra
quieta!
Comprendí que había visto de nuevo la mano del
hombre en acción: dedos que descendían de los de
los monos se habían extendido por los siglos con la
fuerza de los dioses. El hombre no se había
conformado sólo con enderezar su mundo, sino
que también había reducido el giro mismo de la
Tierra, eliminando así para siempre el viejo ciclo
del día y la noche.
Miré el nuevo desierto de Inglaterra. La hierba
había desaparecido por completo, y sólo quedaba
expuesto un barro seco. Aquí y allá vi parpadeos
de algún arbusto resistente —de forma similar a
un olivo que intentaba sobrevivir bajo el sol
implacable. El poderoso Támesis, que se había
desplazado como una mina en su lecho, se encogió
entre sus orillas hasta que ya no pude ver el brillo
de sus aguas. No sentía que esos últimos cambios
hubiesen mejorado el lugar: al menos el mundo de
Morlocks y Elois había mantenido el carácter
esencial de la campiña inglesa, con mucho verde y
mucha agua; el efecto, reflexiono ahora, debía ser
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