Page 48 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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similar al de remolcar las Islas Británicas al
trópico.
Imaginen al pobre mundo, con una cara vuelta
siempre hacia el Sol, y la otra alejada de él. En el
ecuador, en el centro del lado diurno, debía de
hacer calor suficiente como para hervir las carnes
de un hombre sobre los huesos. Y el aire debía de
estar huyendo del lado supercalentado, con
vientos huracanados, hacia el hemisferio más frío,
para quedar allí congelado formando una nieve de
oxígeno y nitrógeno sobre los océanos helados. Si
en ese momento hubiese detenido la máquina,
quizás esos grandes vientos me hubiesen
arrastrado, ¡como el último suspiro de los
pulmones del planeta! El proceso sólo acabaría
cuando el lado diurno estuviese seco y al vacío,
desprovisto de vida; y el lado oscuro quedase
cubierto por una costra de aire congelado.
También comprendí con creciente terror que ¡no
podía volver a mi época! Para volver debía detener
la máquina, y si lo hacía me encontraría en un
mundo sin aire, ardiente, tan estéril como la
superficie de la Luna. ¿Pero me atrevería a
continuar, hacia un futuro incierto, y esperar
encontrar en las profundidades del tiempo un
mundo habitable?
Ya sabía con seguridad que algo había fallado en
mis percepciones, o recuerdos, de mi viaje en el
tiempo. Si me era apenas creíble que durante el
primer viaje pudiese haber pasado por alto la
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