Page 51 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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encontrar  las  esferas  de  los  indicadores;  y  la


            máquina  todavía  temblaba  al  proseguir  su  viaje


            por el tiempo. Comencé a temer que había perdido

            la vista.


            La desesperación se adueñó de mí, más oscura que


            la  oscuridad  exterior.  ¿Acabaría  tan  pronto  mi


            segundo viaje en el tiempo, con tanta ignominia?

            Agarré los controles, mientras mi cerebro concebía


            planes  en  los  que  rompía  las  esferas  de  los


            indicadores cronométricos y, por medio del tacto,

            tal vez pudiese volver a casa .


            ... Y supe entonces que no estaba ciego: podía ver


            algo.


            En muchos aspectos ése fue el hecho más extraño

            de  todo  el  viaje  hasta  ese  momento;  tan  extraño


            que al principio permanecí más allá del horror.


            Primero distinguí una luz en la oscuridad. Era un

            brillo tan tenue y extenso, similar a la aurora, y tan


            débil que pensé que mis ojos me estaban jugando


            una mala pasada. Creí ver estrellas a mi alrededor;


            pero  eran  débiles,  como  si  su  luz  me  llegase  a

            través de una ventana empañada.


            Y  luego,  bajo  el  débil  resplandor,  vi que no estaba


            solo.

            La criatura estaba a una pocas yardas por delante


            de la Máquina del Tiempo; o mejor dicho, flotaba


            en  el  aire,  sin  apoyo  aparente.  Se  trataba  de  una


            bola de carne: algo así como una cabeza flotante,

            de  unos  cuatro  pies  de  diámetro,  con  dos  juegos


            de  tentáculos  que  colgaban  hacia  el  suelo  como




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