Page 787 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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través de una especie de lluvia de toques, de
pezuñas frías y atrevidos y agudos pellizcos,
de enormes ojos rojos que me rodeaban.
Era el regreso a mi peor pesadilla, ¡a la
terrible oscuridad que había temido toda mi
vida! Pero persistí y no me atacaron, al
menos no abiertamente. Podía detectar que
los Morlocks se movían cada vez con mayor
rapidez a medida que el resplandor remoto
incrementaba su brillo.
Y entonces, de pronto, olí algo en el aire: era
débil, y casi se perdía en el humo...
Eran vapores de alcanfor.
Debía de estar a unas yardas del lugar donde
los Morlocks nos habían atacado a mí y a
Weena mientras dormíamos, ¡el lugar donde
había luchado y había perdido a Weena!
Me encontré con un gran grupo de Morlocks,
una acumulación apenas visible entre los
árboles. Se arrastraban unos sobre otros co‐
mo gusanos, deseosos de unirse a la pelea o
la comilona, formando una masa que no
recordaba haber visto antes. En medio vi que
un hombre luchaba. Quedaba oculto por la
masa de Morlocks, y le cogieron el cuello,
pelos y brazos, y cayó a tierra. Pero entonces
vi un brazo surgir de la confusión
sosteniendo una barra de hierro —recordé
que la había arrancado de una máquina en el
Palacio de Porcelana Verde—, y la blandió
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