Page 789 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Llevaban algo: algo inconsciente, pálido,
fláccido, con rastros de blanco y oro...
Rugí y me lancé por entre el follaje. Las
cuatro cabezas de los Morlocks giraron hasta
que sus ojos rojos estuvieron fijos en mí;
entonces levanté el puño y lo lancé contra
ellos.
No fue una gran pelea. Los Morlocks dejaron
su preciosa carga; se enfrentaron a mí pero
les distraía el brillo creciente a sus espaldas.
Un pequeño bruto cerró los dientes en mi
muñeca, pero le golpeé en la cara, sintiendo
el choque de huesos, y a los pocos segundos
me soltó; y los cuatro huyeron.
Me incliné y recogí a Weena del suelo —la
pobre criatura era tan ligera como una
muñeca— y mi corazón casi se rompe al ver
su estado. El vestido estaba roto y
manchado, la cara y el pelo dorado estaban
cubiertos por cenizas y humo, y pensé que
había sufrido una quemadura en una mejilla.
Noté también los alfilerazos de dientes de
Morlock en la carne suave del cuello y en los
antebrazos.
Estaba inconsciente y no sabía si respiraba;
pensé que incluso podía estar muerta.
Con Weena en los brazos, corrí por el
bosque.
En la oscuridad llena de humo no podía ver;
había un incendio que ofrecía un resplandor
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