Page 785 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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en la luz líquida. Luego la cogí —a pesar de
sus esfuerzos— y nos internamos en el
bosque con la luz del fuego señalando el
camino.
Pronto dejamos atrás el resplandor de las
llamas, y caminamos en la oscuridad
interrumpida únicamente por pedazos de
cielo azul entrevistos entre las ramas. No
pasó mucho tiempo en aquella oleosa os‐
curidad antes de que oyese el sonido de pies
pequeños, el suave arrullo de voces a nuestro
alrededor; recuerdo un tirón en la chaqueta y
luego en la manga.
Había dejado a Weena en el suelo para
buscar las cerillas, y hubo una lucha a la
altura de mis rodillas porque los Morlocks,
como insectos persistentes, habían caído
sobre su pobre cuerpo. Encendí una cerilla,
cuando se iluminó su cabeza vi una fila de
blancas caras de Morlock, iluminadas como
por un flash, todas vueltas hacia mí con sus
ojos rojo grisáceo, y entonces, en segundos,
huyeron.
Había decidido encender otro fuego y
esperar la mañana. Había encendido alcanfor
y lo había colocado en el suelo. Había
arrancado ramas secas de los árboles, y había
encendido un fuego de madera verde...
Me puse de puntillas, e intenté mirar a lo
más alto del bosque. Deben imaginarme en
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