Page 790 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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rojo y amarillo, pero convertía el bosque en
un lugar de sombras cambiantes que
engañaban al ojo. Varias veces choqué con
los árboles, o tropecé en algún relieve del
terreno; y me temo que Weena sufrió varios
golpes en el proceso.
Estábamos en medio de una corriente de
Morlocks, que huían del fuego con tanto
vigor como yo. Sus espaldas peludas
brillaban rojas bajo las llamas, y sus ojos eran
discos de claro sufrimiento. Corrían por el
bosque, chocando con los árboles y
golpeándose los unos a los otros con sus
pequeños puños; o se arrastraban por el
suelo, gimiendo, buscando alivio ilusorio del
calor y la luz. Cuando chocaban conmigo, les
golpeaba y les daba patadas para
mantenerlos alejados; pero estaba claro que,
al estar ciegos, no eran una gran amenaza
para mí y después de un rato descubrí que
era muy fácil mantenerlos lejos.
Ahora que me había acostumbrado a la
dignidad tranquila de Nebogipfel, la
naturaleza bestial de esos Morlocks
primitivos, con sus mandíbulas caídas, el
pelo sucio y revuelto y la postura inclinada
—algunos incluso corrían arrastrando las
manos por el suelo—, era muy desoladora.
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