Page 84 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 84
pesar del aspecto desagradable de su piel, parecía
cómico: imaginen a un orangután, con el pelo
recortado y teñido de un color claro amarillo
blancuzco, obligado a permanecer de pie y a llevar
unas estrafalarias gafas, y tendrán algo parecido a
él.
—Tik. Pau —repitió.
Me acerqué a él.
—¿Qué me dices, bestia?
Se estremeció —supongo que reaccionó a mi tono
y no a mis palabras— y luego señaló las tabletas
de comida que llevaba en la mano.
—Tik —dijo—. Pau.
Comprendí.
—Por el amor del cielo —dije—. Intentas hablar
conmigo, ¿no? —Levanté las tabletas una a una—,
Tik. Pau. Uno. Dos. ¿Entiendes? Uno. Dos...
El Morlock echó la cabeza a un lado —los perros
también lo hacen a veces— y luego, casi tan bien
como yo, dijo:
—Uno. Dos.
—¡Eso es! Y hay más: uno, dos, tres, cuatro...
El Morlock entró en el círculo de luz, aunque se
mantuvo a distancia. Señaló el tazón de agua.
—Wasser.
¿ Wasser? Eso parecía alemán, aunque las lenguas
no son mi punto fuerte.
—Agua —contesté.
Una vez más, el Morlock escuchó en silencio con la
cabeza inclinada.
84

