Page 13 - Hijos del dios binario - David B Gil
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señor Adelbert. Lo odio, de hecho. —Él esbozó una


           sonrisa  que  filtró  una  bocanada  de  humo—.  Y


           opino  que  todo  esto  está  fuera  de  lugar,  pero  eso


           usted  ya  lo  sabe.  Simplemente  quiere  demostrar



           que no le importa el protocolo, que está por encima


           de  las  reglas.  Muy  bien,  ya  lo  ha  dejado  claro.


           ¿Podemos volver a los negocios?


                  Adelbert aplastó el cigarrillo contra el cenicero


           mientras  observaba  a  su  interlocutora.  Era  una


           mujer  joven,  no  más  de  treinta  años,  y  había


           elegido  una  ropa  informal  para  el  encuentro:



           vaqueros  supuestamente  cómodos,  un  polo


           entallado y un chaleco marrón lleno de bolsillos, de


           esos que usan los turistas que gustan de abandonar


           los  itinerarios  habituales  «para  conocer  el


           verdadero  corazón  de  las  ciudades».  Pero  el


           corazón  de  Nueva  Delhi  está  expuesto  desde  que


           uno pone el pie fuera del aeropuerto.


                  De  cualquier  modo,  el  disfraz  de  la  señorita


           Dunham no resistía un segundo vistazo. Su actitud



           no  era  la  de  alguien  que  estuviera  de  vacaciones,


           todo  en  ella  exudaba  profesionalidad:  su  gesto


           serio,  sus  maneras  calculadas,  su  agresividad


           pasiva... Era una típica empleada de Rosesthein.


                  Daniel Adelbert, por el contrario, no pretendía


           pasar  desapercibido.  De  edad  indeterminada  y




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