Page 9 - Hijos del dios binario - David B Gil
P. 9

haz  alumbró  el  terreno  frente  a  él,  William


           descubrió que, obviamente, a esa hora el acceso se


           hallaba cerrado por una verja metálica. Pero ya era


           demasiado tarde, no tenía dónde ocultarse y se dijo



           que,  si  lograba  alcanzar  la  valla  y  saltar  al  otro


           lado,  quizás  pudiera  escabullirse.  Así  que  corrió


           más  de  lo  que  había  corrido  jamás,  llevando  el


           corazón al límite, hasta que notó el brutal impacto


           contra la espalda.


                  Salió  despedido  y  se  estrelló  contra  los


           adoquines.  Rodó  sobre  el  suelo,  que  le  arrancó



           jirones  de  ropa  y  de  piel  a  dentelladas,  hasta


           quedar  tendido.  Aun  así  no  llegó  a  perder  el


           conocimiento:  aturdido,  a  punto  de  desfallecer,


           logró ponerse de rodillas y mirar hacia el vehículo


           que había frenado en seco tras golpearle. Los faros


           seguían  acuchillándole  los  ojos,  pero  ahora  pudo


           distinguir que se trataba de un todoterreno gris. La


           puerta se abrió y de su interior escapó una melodía


           de piano que se evaporó en el silencio de la noche.



           El  conductor,  un  hombre  alto  y  delgado,  de  pelo


           canoso,  avanzó  hacia  él  mientras  se  enfundaba


           unos guantes de cuero. Vestía un traje negro que a


           William se le antojó impoluto. Pero fue el contacto


           con su mirada lo que le hizo reaccionar: comenzó a


           arrastrarse               sobre           el       suelo,           alejándose                del




                                                                                                              9
   4   5   6   7   8   9   10   11   12   13   14