Page 186 - Hijos del dios binario - David B Gil
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muestra más de que su percepción estaba anulada.


           El extraño no se detuvo al ser descubierto, sino que


           alargó los pasos mientras sacaba del bolsillo de la


           cazadora  un  delgado  filamento  negro  que  tensó



           entre los puños; se movía con rapidez en un intento


           de no darle oportunidad a reaccionar. Sin embargo,


           Daniel Adelbert no era una presa fácil, ni siquiera


           bajo  aquellas  condiciones:  su  mente  racional  se


           desactivó y los instintos tomaron el mando; quizás


           la  droga  entorpeciera  sus  movimientos  y  nublara


           su  juicio,  pero  la  adrenalina  era  un  poderoso



           combustible  y  los  automatismos  grabados  en  su


           subconsciente  no  se  veían  tan  mermados  por  el


           efecto de un depresor.


                  En  cuanto  los  dos  hombres  se  cruzaron  en


           medio  del  parque,  el  que  iba  armado  con  el  hilo


           estrangulador  flotó  alrededor  de  su  víctima  hasta


           que, con un movimiento fluido, intentó pasarle la


           cuerda bajo la barbilla. Daniel se agachó y desvió el


           abrazo  golpeando  el  codo  de  su  atacante;  acto



           seguido, le hundió el pulgar de la mano derecha en


           la garganta. El impacto dejó sin aire a su rival, pero


           de haber estado mejor coordinado, podría haberle


           aplastado  la  tráquea.  De  cualquier  modo,  ahí


           terminaba su ventaja. Si sus perseguidores no eran


           aficionados, y a juzgar por su proceder no lo eran,




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