Page 189 - Hijos del dios binario - David B Gil
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torrente de matices respondía a la percepción
alterada por la droga, no es que, de repente, tuviera
los ojos de un poeta.
Un impacto seco lo sacó de su
ensimismamiento. Alguien lo había golpeado con
el puño bajo la oreja, justo al final de la mandíbula,
y un pitido se instaló en su oído izquierdo.
Escupió, y dio gracias a que ninguna muela
acompañara al esputo de sangre y saliva espesa.
—¡Basta! Vas a noquearlo y no habrá forma de
despertarle.
Daniel se obligó a levantar la cabeza y mirar a
los dos hombres que había frente a él. Fue entonces
cuando reparó en que estaba sentado en una silla
metálica, las muñecas y los tobillos inmovilizados
con presillas de plástico. Creyó identificar al que le
había golpeado como el sicario que se enfrentó a él
en el parque, pero este se hizo a un lado y la luz
intensa de la lámpara del techo lo deslumbró. Aún
debía de tener las pupilas dilatadas por el
narcótico.
El que había hablado pasó a un primer plano y
lo agarró por el pelo para obligarle a levantar la
barbilla.
—Así que usted es Daniel Adelbert —dijo en
un inglés con marcado acento hebreo, y lo abofeteó
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