Page 382 - Hijos del dios binario - David B Gil
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podía alcanzar a un antílope en terreno abierto. Los


           aguadores  enviaron  a  su  mejor  zahorí,  capaz  de


           encontrar  agua  bajo  la  tierra  más  árida;  y  los


           herreros,  a  su  mejor  forjador,  un  joven  que  había



           templado antes que cualquier otro su espíritu y que


           podía  respirar  el  calor  de  la  fragua  durante  toda


           una  noche  sin  desfallecer.  El  anciano  de  los


           sembradores, por su parte, había elegido a un chico


           espigado  que,  según  se  rumoreaba  en  El  Hogar,


           poseía  una  resistencia  sin  parangón,  capaz  de


           trabajar  bajo  el  sol  durante  varias  jornadas  sin



           apenas agua. Y el sabio de la tribu de los tejedores,


           pueblo  que  jamás  había  dado  un  rey  al  desierto,


           cometió  lo  que  muchos  juzgaron  como  el  mayor


           error de toda su vida. Dijeron que la edad no solo


           había nublado su vista, sino también su juicio, pues


           escogió  como  campeón  a  un  joven  escuálido  y


           distraído, un chico sin destreza para coser o hilar,


           sin  fuerza  para  curtir  o  acarrear  pieles,  ni  pericia


           para pintar sobre la tela o levantar una tienda.



                  »El  único  talento  que  se  le  conocía  a  aquel


           muchacho  era  su  voz  y  su  imaginación,  hasta  el


           punto de que todos lo llamaban Relator, pues en las


           noches  calmas  se  sentaba  junto  al  fuego  y  su  voz


           grave y cadenciosa hilvanaba las palabras a la luz


           de  las  estrellas,  entrelazándolas  como  cuentas  de




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