Page 415 - Hijos del dios binario - David B Gil
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veintiocho, veintinueve, treinta —comenzó a correr
hacia la chimenea que desalojaba los gases del
edificio—, treinta y uno, treinta y dos —la puerta se
abrió con estruendo a su espalda, estrellándose
contra el muro lateral.
Tropezó acobardada por aquel último impacto,
pero continuó corriendo con manos y pies hasta
tirarse tras la chimenea metálica. A continuación,
silencio. Solo el ruido del tráfico que ascendía
desde las calles.
Apoyó la espalda contra el conducto de acero y
notó a través de la ropa el calor de los gases
canalizados. Fue entonces cuando reparó en que
sus manos temblaban con violencia; Alicia las miró
horrorizada, sorprendida de que pudiera sentir
tanto miedo. Apretó los puños intentando controlar
los espasmos y se obligó a apretar también los
dientes, para evitar que algún gemido se le
escapara garganta arriba. Intentó concentrarse en
escuchar. Solo pasos, pasos lentos. Quienquiera
que fuera avanzaba hacia el centro de la azotea.
Miró a su alrededor sin erguir la cabeza,
agazapada tras la chimenea. Más allá había otro
conducto para el escape de gases, y detrás de este,
la puerta de acceso a la azotea de otro bloque de
pisos. ¿Pensaría su perseguidor que había escapado
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