Page 419 - Hijos del dios binario - David B Gil
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cadencia de sus zancadas, si aquel cabrón la quería
alcanzar lo obligaría a correr más que en toda su
vida.
Dobló la esquina justo cuando el tercer disparo
se enterraba en la pared a su izquierda. Aquello
comenzaba a ser peligroso también para otra gente,
algún vecino alarmado podía asomar la cabeza y
recibir un balazo. ¿Se atrevería el mensajero a
dispararle también en la calle?
Vio frente a ella las escaleras que todos los días
usaba al bajar al parque o al salir al barrio con su
hija, y la idea la martirizó incluso en tales
circunstancias: ¿y si todo esto hubiera sucedido con
Lara en casa? ¿Cómo había podido ser tan, tan
irresponsable?
Se lanzó escaleras abajo, saltando los escalones
de dos en dos, corriendo el riesgo de que un tobillo
se doblara al pisar mal y ahí terminara su huida.
Pero fue rápida y tuvo suerte. Llegó a la calle y
corrió por la acera sin ninguna meta, no sabía
adónde ir y el miedo comenzó a apoderarse
nuevamente de ella. «¡No, no! —se gritó—. Has
corrido kilómetros y kilómetros con estos zapatos,
no se lo pongas fácil». Y continuó adelante, incapaz
de sentir cansancio o fatiga.
Instintivamente dirigió su carrera hacia el
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