Page 78 - Hijos del dios binario - David B Gil
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tenía un punto de desquiciado atrevimiento, pues
el refugio se encaramaba al filo mismo de la pared
del fiordo, junto a una caída de más de un
kilómetro de altura hasta el agua. Alrededor del
mismo solo había vegetación y roca impracticable,
de modo que, tal como le había anunciado Denga,
la única manera de llegar a aquella cornisa era por
aire.
Las aspas se desplegaron con un sonido
mecánico y el martilleo del rotor sustituyó al rumor
monocorde de los reactores. El transporte
abandonó su suave trayectoria horizontal y
comenzó a cabecear según descendía sobre el
helipuerto anexo a la última planta de la casa.
Aunque fue un aterrizaje impecable, Daniel no
pudo evitar un suspiro de alivio cuando el aparato
entró en contacto con la tierra. Estaba habituado a
los aviones, pero desde África los helicópteros
despertaban en él una suspicacia que no había
ayudado a calmar la escasa superficie de aquel
helipuerto.
La puerta que comunicaba con la cabina del
piloto se abrió y Clarice se asomó para indicarles
que podían bajar.
—Use la puerta de su izquierda, señor
Adelbert. Por la derecha no encontraría dónde
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