Page 77 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Ambos guardaron silencio y el monótono
murmullo de los motores se instaló en sus oídos.
Desde un principio a Daniel le resultó evidente que
la aeronave no era un modelo comercial, sino una
suerte de transporte militar adaptado para uso
privado. El aparato parecía fiable, pero no estaba
diseñado para ser confortable, como demostraba la
escasa insonorización de la cabina.
—Estamos a punto de llegar —anunció la voz
de Clarice por la megafonía—. Abróchense los
cinturones, voy a desplegar las aspas y a
desconectar los propulsores.
Los dos hombres hicieron caso a la piloto y, casi
al unísono, miraron por las ventanillas junto a sus
asientos. Daniel pudo ver por fin el refugio de
Kenzõ Inamura: era un edificio de tres niveles
tendido sobre una abrupta pendiente y rodeado de
un pequeño bosque de pinos y acebos. El arquitecto
había aprovechado el desnivel para idear una
planta formada por tres terrazas superpuestas, y
había elegido como materiales de construcción la
madera y grandes superficies de cristal,
convirtiendo su obra en una suerte de solárium
capaz de exprimir las horas de sol.
Daniel debió reconocer que la estructura
resultaba incluso hermosa, aunque vista desde allí
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