Page 155 - LIBRO DE ACTAS-II-JORINVEDUC-2016
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adolescentes pasan gran parte de su tiempo interactuando con adultos atravesando procesos de
                 subjetivación y resignificación.
                      Tal como lo afirman Dubet y Martuccelli, (1998) en este momento de sus vidas surgen nuevas
                 exigencias sociales, nueva condiciones y prácticas educativas que las instituciones les imponen y
                 los adolescentes intentan fusionar su condición adolescente con una forma de ser estudiante en la
                 experiencia escolar cotidiana. (Dubet y Martuccelli: 1998)
                      A su vez, Greco (2011) señala que en el transitar de la experiencia de la escuela media, resulta
                 fundamental para los estudiantes las palabras que los signifiquen, que los subjetiven; propone a la
                 escuela reconocer y practicar tipos de palabras y/o formas de circulación que abran espacios, que
                 dejen respirar frente a otras palabras que aplastan, son violencia (Greco, 2011)
                      Siguiendo su perspectiva podemos decir que en esos actores institucionales que  señalan los
                 adolescentes se identifican adultos que reconocen y practican “palabras” que abren esos espacios,
                 que los dejan respirar, que no los aplastan, al reconocerles con sus preguntas, un lugar de sujetos
                 particulares, diferentes a los demás.
                 También  hay  otros  adultos,  que  desempeñan  un  rol  docente  y  que  asumen  una  posición  de
                 reconocimiento a los estudiantes, tal como lo expresan a continuación:
                        Estudiante1: “El Profe XXX, de Dibujo siempre nos escucha. Nos hace chistes, nos deja escuchar
                        música mientras trabajemos.”
                        Entrevistadora: “¿Eso les gusta?”
                        Estudiante2: “Si… algunos tienen buena relación, confianza con los Profes y otros no… somos
                        diferentes, tenemos diferentes opiniones.”
                      Según los decires de los estudiantes, algunos estudiantes tienen confianza con los profesores, y
                 otros no; advertimos que para ellos la confianza se relacionaría con darles libertad para decidir
                 algunos aspectos de la vida en el aula y como parte de la negociación del vínculo pedagógico.
                      Sobre  este  tema,  Cornu  (1999)  tomando  una  expresión  de  George  Simmel,  afirma  que  “la
                 confianza es una hipótesis sobre la futura conducta del otro, (…) es una actitud que concierne el futuro,
                 en la medida en que este futuro depende de una acción de otro; es una especie de apuesta que consiste
                 en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo” Cornu (1999:19)
                      La disposición del docente a:  dejarlos escuchar música mientras trabajan, podría dar a entender
                 que  asume  una  posición  relativamente  democrática  frente  a  sus  alumnos  y  siguiendo  a  Cornu
                 (1999), se trataría de alguien que se anima a tomar “un riesgo” frente a lo desconocido que la
                 situación podría generar.
                     A  su  vez,  Zelmanovich  (2016)  plantea  que  este  tipo  de  situaciones  de  “confianza”,  como  la
                 descripta, pueden propiciar un efecto “fundante” de nuevas formas de construir vínculos entre
                 docentes y alumnos, que por el impacto subjetivo que producen brindan sentidos a la experiencia
                 educativa, más allá del contenido a transmitir.


                 Algunas puntualizaciones finales
                   Los recortes de las voces de los estudiantes de primer año con los que trabajamos, nos permiten
                 advertir que el vínculo que construyen con los adultos de la escuela, se encuentra teñido de matices.
                 Según  sus  decires  en  estas  variadas  relaciones  encontramos:  desde  un  franco  intento  de
                 subordinación de los más jóvenes, basándose en la vigilancia y el control de quienes detentan poder
                 de policía sobre ellos; pasando por una cierta descalificación cuando no creen en lo que dicen, o son
                 indiferentes,  “no  escuchan”  sus  demandas,  a  la  hora  de  intentar  algún  tipo  de  trasmisión  de
                 conocimiento; hasta llegar a aquellos adultos que, al decir de Zelmanovich(2012), construyen lazo
                 social, porque preguntan sobre sus sentimientos, reconociéndoles así una particularidad que los
                 diferencia de los demás; también aquellos que van más allá, como el docente que, dentro de los
                 límites de la actividad áulica, les permite participar, fortaleciendo así su lugar como sujeto.
                      En ese sentido, en consonancia con los autores que fuimos abordando, consideramos que, si bien

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