Page 313 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Horza se quedó quieto. Volvía a tener la sensación

              de  que  pesaba  mucho,  pero  al  menos  ahora  se

              encontraba en tierra firme. Por otra parte, y a juzgar por


              el estado de los cuerpos que le rodeaban, la isla parecía

              ser bastante pobre en alimentos. Horza supuso que ésa

              era  la  razón  de  que  todos  estuvieran  tan  delgados.


              Alzó  la  cabeza  e  intentó  ver  la  lanzadera  que  había

              divisado  antes  por  entre  aquel  bosque  de  flacas


              piernas.  Sólo  consiguió  ver  la  parte  superior  de  la

              máquina asomando sobre una de las grandes canoas

              varadas  en  la  playa.  Sus  puertas  traseras  estaban


              abiertas.


                     Una vaharada de un olor pestilente bailoteó bajo la

              nariz  de  Horza  y  le  hizo  sentir  deseos  de  vomitar.


              Volvió a bajar la cabeza hacia la arena, exhausto.


                     Las personas que le rodeaban dejaron de hablar y

              sus cuerpos delgados y morenos o, por lo menos, de

              tez  oscura,  se  volvieron  lentamente  hasta  quedar  de


              cara  a  la  playa.  Sus  filas  se  abrieron  para  dejar  un

              espacio justo por encima de la cabeza de Horza y, por


              mucho que lo intentara, el Cambiante descubrió que

              no podía apoyarse en un codo o mover la cabeza para

              ver qué o quién se aproximaba. Siguió tumbado sobre


              la arena y esperó. Las personas que había a su derecha

              retrocedieron, y una hilera de ocho hombres apareció


              a  ese  lado  sosteniendo  un  palo  muy  largo  en  sus



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