Page 315 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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monstruosidad, pero tampoco había ninguna señal de
genitales; fueran lo que fuesen, quedaban enterrados
bajo los rollos de aquella carne entre marrón y dorada.
Horza fue alzando los ojos hasta llegar a su cabeza.
El grueso cono del cuello terminaba en baluartes
concéntricos de papadas que sostenían la calva cúpula
de carne hinchada en la que había una fláccida longitud
de labios muy pálidos, una nariz minúscula en forma de
botón y unas rendijas que debían contener los ojos. La
cabeza reposaba sobre las capas de grasa del cuello, los
hombros y el pecho como una gran campana dorada
sobre un templo de muchos niveles. El gigante cubierto
de sudor movió bruscamente las manos haciéndolas
girar al extremo de los globos hinchados y recubiertos
de grasa que tenía por brazos hasta que aquellos dedos
—que, en comparación, resultaban meramente
rollizos—, se encontraron y se unieron tan
estrechamente como se lo permitía su tamaño. La boca
se abrió para hablar, y uno de aquellos humanos
flacuchos cuyos harapos parecían algo menos
maltrechos que los de los demás entró en el campo
visual de Horza, colocándose un poco detrás del
gigante.
La cabeza con forma de campana se movió unos
centímetros a un lado y giró lentamente sobre sí misma
diciéndole algo al hombre que había detrás. Horza no
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