Page 317 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
P. 317
—El destino es bueno con nosotros, oráculo —dijo
el hombre con voz malhumorada.
—Sí, Señor Primero, el destino favorece a quienes
ama. Hace alejarse a nuestros enemigos y nos envía
tesoros..., ¡tesoros del mar! ¡Alabado sea el destino!
La gran pirámide de carne empezó a temblar y los
brazos se alzaron arrastrando tras ellos rollos de carne
un poco más pálida. Aquella cabeza parecida a una
tórrela se inclinó hacia atrás, y la boca se abrió para
revelar un espacio oscuro en el que sólo había unos
cuantos colmillos diminutos que brillaban como si
estuvieran hechos de acero. Cuando la voz burbujeante
volvió a hablar empleó el lenguaje que Horza no podía
entender, pero se dio cuenta de que se limitaba a repetir
la misma frase una y otra vez. El resto de la multitud
no tardó en unirse a la montaña de carne, quien agitó
las manos en el aire y empezó a canturrear con voz
enronquecida. Horza cerró los ojos, intentando
despertar de lo que sabía no era un sueño.
Cuando abrió los ojos los humanos seguían
cantando, pero habían vuelto a rodearle con sus flacos
cuerpos, impidiéndole ver a la monstruosidad de piel
entre marrón y dorada. Aquella multitud de seres
famélicos cayó sobre él sin interrumpir el cántico. Sus
rostros estaban encendidos por un deseo feroz, abrían
317

