Page 319 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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El inmenso montón de carne que el Señor Primero

              había  llamado  «oráculo»  fue  depositado  junto  a  la

              hoguera. El Señor Primero se quedó inmóvil junto al


              prodigio de obesidad contemplando a Horza con sus

              ojos hundidos en las cuencas de aquel rostro pálido y

              más bien sucio. La montaña dorada de la litera hizo


              entrechocar sus rechonchas manos.


                     —Forastero, regalo del mar —dijo—, bienvenido

              seas. Yo soy Fwi—Song, gran oráculo del destino.



                     Aquella  inmensa  criatura  hablaba  una  variedad

              bastante  tosca  del  marain.  Horza  abrió  la  boca  para

              decirle  su  nombre,  pero  Fwi—Song  siguió  hablando


              antes de que pudiera hacerlo.


                     —¡Nos  has  sido  enviado  en  nuestro  tiempo  de

              prueba  como  un  fragmento  de  carne  humana

              trasportado  por  la  marea  de  la  nada,  una  cosecha


              arrebatada a la insípida oleada de la vida, una golosina

              que repartir y ser compartida en nuestra victoria sobre


              la bilis ponzoñosa de la incredulidad! ¡Eres una señal

              del Destino, y damos las gracias por haberla recibido!


                     Fwi—Song  alzó  sus  inmensos  brazos;  rollos  de


              grasa oscilaron en los hombros a cada lado de aquella

              cabeza  parecida  a  una  torreta  y  casi  cubrieron  las

              orejas. Fwi—Song gritó algo en un lenguaje que Horza


              no conocía; y las siluetas que le rodeaban repitieron la

              frase, canturreándola varias veces.


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