Page 351 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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aquel sabor a rancio, ejercitó su mandíbula y se
removió intentando aliviar los dolores que se iban
acumulando en sus brazos y sus piernas.
—¿Cómodo? —preguntó el Señor Primero
volviendo a sentarse sobre la arena.
Siguió afilando los colmillos metálicos que
brillaban bajo la luz de la hoguera.
—Me he sentido mejor —dijo Horza.
—También te sentirás peor..., amigo.
El Señor Primero se las arregló para que la última
palabra sonara como una maldición.
—Me llamo Horza.
—No me importa cómo te llames. —El Señor
Primero meneó la cabeza—. Tu nombre no importa.
Tú no importas.
—Había empezado a formarme esa impresión —
admitió Horza.
—Oh, ¿de veras? —exclamó el Señor Primero. Se
puso en pie y se acercó un poco más al Cambiante—.
¿De veras? —Movió la mano que sostenía los dientes
metálicos y las puntas arañaron la mejilla izquierda de
Horza—. Te crees muy listo, ¿en? Crees que vas a salir
bien librado de ésta, ¿eh? —Le pateó el vientre. Horza
jadeó y se atragantó—. ¿Ves? No importas. No eres
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