Page 374 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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impoluto y flamante que la Cultura tanto apreciaba en
sus productos.
—¿Por qué te tenían tanto miedo?
Horza seguía mirando a su alrededor,
preguntándose a quién debía dirigirle la palabra y en
qué dirección.
—No estoy muy seguro —dijo encogiéndose de
hombros. Estaba desnudo y seguía blandiendo el arma.
El dedo mutilado por el oráculo apenas conservaba dos
tirillas de carne, pero la hemorragia había cesado
enseguida. Horza pensó que su aspecto debía resultar
bastante amenazador, pero quizá la lanzadera no
tuviese medios para verle—. ¿Dónde estás? ¿Qué eres?
—preguntó, decidiendo fingir ignorancia.
Miró a su alrededor de la forma más obvia y teatral
posible, e incluso se tomó la molestia de asomar la
cabeza por la puerta del mamparo para examinar la
zona de control que había al otro lado.
—Soy la lanzadera. Su cerebro. ¿Qué tal estás?
—Estupendamente —dijo Horza—,
estupendamente... ¿Y tú?
—Considerando las circunstancias, muy bien,
gracias. No es que me aburriera, pero siempre resulta
agradable tener a alguien con quien conversar. Hablas
un marain excelente. ¿Dónde lo aprendiste?
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