Page 59 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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soportar. La gente de la Cultura no podía aguantar el
ser odiada, sobre todo por sus conciudadanos, y la tarea
que había recaído sobre los hombros de aquella mujer
ya era lo bastante difícil de por sí sin el peso añadido
de saber que para la mayoría de personas de su propio
bando su existencia era un anatema todavía mayor que
para el enemigo.
—Bueno, Balveda, tanto da —dijo Horza
estirándose. Flexionó sus rígidos hombros dentro del
traje y se pasó los dedos por su rala cabellera
amarillenta—. Supongo que el tiempo nos revelará
quién tenía razón, ¿no te parece?
Balveda dejó escapar una risa carente de alegría.
—Nunca he oído palabras más ciertas...
Meneó la cabeza.
—De todas formas, gracias —dijo Horza.
—¿Por qué?
—Creo que acabas de reforzar mi fe en cuál será el
desenlace de esta guerra.
—Oh, Horza... Vete.
Balveda suspiró y clavó los ojos en el suelo.
Horza quería tocarla, pasar la mano por sus cortos
cabellos negros o pellizcar una de sus pálidas mejillas,
pero supuso que eso sólo serviría para hacer que se
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