Page 63 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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—¿En el sol? —Horza no podía creerlo. Se volvió

              hacia la puerta de la celda, como si todo aquello fuera

              culpa  de  Balveda—.  Esos  bastardos  se  vuelven  más


              listos a cada momento que pasa.


                     —Sí  —dijo  secamente  el  Querl,  y  giró  a  toda

              velocidad sobre uno de sus pies—. Sígueme, humano.


                     Horza  obedeció  y  echó  a  correr  detrás  del  viejo


              idirano, pero tropezó con él cuando la inmensa silueta

              se detuvo de golpe. Horza observó aquel inmenso y


              oscuro rostro alienígena que se volvió para lanzar una

              mirada por encima de su cabeza al soldado idirano que

              seguía montando guardia sin mover un músculo ante


              la  puerta  de  la  celda.  Una  expresión  que  Horza  no

              pudo  interpretar  pasó  velozmente  por  el  rostro  de

              Xoralundra.


                     —Centinela —dijo el Querl en voz baja. El soldado


              de  la  carabina  láser  se  volvió  hacia  él—.  Mata  a  la

              mujer.


                     Xoralundra se alejó por el pasillo. Horza se quedó


              inmóvil durante un momento. Sus ojos fueron hacia la

              ya distante silueta del Querl y acabaron posándose en


              el centinela. Vio como comprobaba su carabina, daba

              la orden que abriría la puerta de la celda y entraba en

              ella. Después el hombre echó a correr por el pasillo en


              pos del viejo idirano.





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