Page 87 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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los  demás.  Alguien  le  roció  los  genitales  con  un

              anestésico. «Benditos sean los órganos sin protección»,

              pensó  Horza.  Estaba  descansando  apoyado  en  el


              mamparo sin apartar los ojos del grupo. Zallin era el

              más alto de todos. Tenía unos brazos tan largos que casi

              parecían rozarle las rodillas, y su grosor casi igualaba el


              de los muslos de Horza.


                     Horza vio como el capitán le señalaba con la cabeza

              y  una  de  las  mujeres  fue  hacia  él.  Tenía  los  rasgos


              pequeños  y  la  expresión  dura.  Su  piel  era  bastante

              morena, y poseía una erizada cabellera rubia. Todo su


              cuerpo  parecía  esbelto  y  fuerte;  Horza  pensó  que

              caminaba como un hombre. Cuando estuvo más cerca

              vio  que  la  piel  de  su  rostro,  brazos  y  piernas  estaba


              cubierta por una ligera capa de vello. La mujer se detuvo

              ante él y su mirada le recorrió desde los pies hasta los

              ojos.


                     —Soy tu ayudante —dijo la mujer—, aunque no sé


              si eso va a servirte de mucho.


                     Era la de la voz bonita. Horza estaba asustado, pero

              aun así se llevó una decepción. Agitó una mano.



                     —Me llamo Horza. Gracias por preguntármelo.


                     «¡Idiota! —se dijo a sí mismo—. Ahora ya saben

              cómo te llamas. Anda, ¿por qué no les cuentas también

              que eres un Cambiante? Maldito estúpido...»





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