Page 394 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            Amílcar.


               Sergio,  de  pronto,  tomó  las  manos  del  moribundo.

            Las sintió viscosas y frías en las suyas; contempló el


            delgado  torso  alzarse  en  lentas  y  espaciadas

            respiraciones y se dio cuenta de que la muerte estaba

            próxima... Notó también claramente el intenso dolor


            de  Amílcar,  localizado  en  el  hígado  y  en  la  parte

            superior del estómago... Sintió un ligero vahído, que

            dominó prontamente. Las cosas, en torno a él, parecían


            haberse hecho más luminosas. Pensó intensamente en

            el  dolor  de  Amílcar,  en  su  muerte  próxima,  y  en  el

            dolor  de  tantos  hombres  y  mujeres,  a  lo  largo  de  la


            historia de la humanidad... Percibió, como naciendo en

            el fondo de su ser, un grande, penetrante, avasallador

            deseo de tomar para sí los dolores de Amílcar, con tal


            de que el desgraciado muriera en paz... Y poco a poco,

            ‐fue así. Algo como un fuego vital, como una profunda


            y atroz corriente de lástima, tan fuerte que casi no era

            soportable,  pasaba  a  través  de  sus  manos  al

            enflaquecido cuerpo del agonizante. El retorcido rostro


            de  Amílcar  recobró  poco  a  poco  la  paz,  mientras

            Sergio, con lágrimas en los ojos, se sentía desgarrar por


            el horrendo dolor que poco antes carcomía las entrañas

            del enfermo. «Lo tomo para mí, con alegría —pensó,

            dominando su impulso de gemir, de sollozar a gritos—


            . Por él, por todos, por mí mismo...»


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