Page 399 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
cubiertos de vivida sangre roja. Uno de los
moribundos se retorció sobre la tierra, volvió las nalgas
peladas, rojizas, hacia los expedicionarios, y soltó una
ventosidad atroz. Después, lentamente, se subió
encima de una hembra muerta, y trató torpemente de
introducirle un pene grueso como un bastón, violáceo
en la punta. Murió allí mismo, sin acabar el acto.
—La luna saldrá dentro de una hora —dijo el Capitán
Grotton—. Tenemos el tiempo justo de avanzar, coger
la piedra de Luna y retirarnos...
—Siento mucho que por mi culpa... —comenzó
Sergio. No pudo seguir. Una mano le tapó la boca,
cogiéndola por detrás. Sintió en la espalda el contacto
del busto de Marta, y la ancha boca junto a su oído.
—No digas tonterías, Sergio, encanto. ¿No ves que no
te hacen caso? ¿Por qué se te ha metido en la cabeza
que te guardamos rencor por haber venido aquí?
A través de la oscuridad, pasaron sobre los
extendidos cadáveres de los mandriles, lo más
rápidamente posible, para evitar el intenso olor a
excrementos y a suciedad. Alguno seguía todavía con
vida, pues se escuchaban leves gemidos. El abuelo
Jones, verdadero esqueleto viviente, cubierto
solamente con unos desgarrados calzones, se ocupó,
con una sonrisita maligna, de que esos gemidos
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