Page 396 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
tras montones de piedras cubiertas de plantas
enraizadas en cualquier grieta, los expedicionarios
contemplaban los cadáveres peludos de los mandriles,
extendidos por el suelo a su alrededor.
Los rifles humeaban aún, con el cañón al rojo, y los
machetes chorreaban sangre. Les habían sorprendido
en el borde de la selva, poco después de que Juana
Stone, desde lo más alto de un árbol, anunciase a gritos
que veía el templo a lo lejos. Surgieron rezongando y
parloteando, peleándose entre sí, gruñendo con su
profunda voz de bajo, mezclados machos, hembras y
jóvenes crías, pero todos armados con porras o con
toscas lanzas. Los fusiles, y sobre todo el rifle de Sergio,
hicieron una verdadera carnicería entre los mandriles.
A veces, uno de ellos, como si no le importase morir, se
lanzaba locamente dentro del grupo, para ser muertos
a machetazos, derramando sobre la tierra una sangre
de un brillante color rojo...
Tenían el hocico largo y azul, provisto de
amarillentos colmillos, ojos pequeños y malignos, casi
humanos, y exhalaban un hedor repugnante a
suciedad, a excrementos y a orina. Los caballos
parecían sentir una repugnancia especial ante tales
seres, y de los tres supervivientes, dos rompieron las
riendas y huyeron, con los ojos fuera de las órbitas,
relinchando como niños asustados. Sólo quedó
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