Page 397 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
Aneberg, tenso como un arco, con las cuatro patas
plantadas sólidamente en el suelo, el largo cuello
extendido hacia el enemigo.
Durante unos momentos, los caballos que huían
fueron solamente una masa de mandriles amontonada
encima de las dos bestias, con brazos peludos que se
levantaban y acuchillaban, y hocicos azules,
chorreando baba amarilla, que mordían las ancas y los
blandos estómagos... Primero uno, después el otro, los
dos brutos cayeron al suelo, revolcándose en la agonía,
y siendo devorados vivos por la hormigueante masa
de mandriles...
Juana Stone cayó con la cabeza abierta de un mazazo;
Jeremías, con una flecha en un ojo... En un momento de
apuro, el cuchillo de Marta abrió el pecho de una
hembra parloteante que había caído sobre la cabeza de
Sergio...
La última ráfaga de disparos puso en fuga al resto del
salvaje ejército.
—Esperemos —dijo el Capitán Grotton— que esto les
haya servido de lección, y que no vuelvan.
Pero todos se dieron cuenta, por el tono de su voz, de
que ni siquiera él mismo creía en eso. El Capitán
Grotton no era ya más que un fantasma, con el vientre
caído en blandos pellejos, sobre el cinturón cada vez
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