Page 401 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
P. 401
Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
derramando una blanca luminosidad sobre la plaza...
—La Piedra de Luna —musitó Sergio...
—A la derecha, a la derecha todos —gruñó el Capitán
Grotton—. Pegados a los árboles. Zacarías, Magnus;
vigilad el interior de la plaza; Sergio, abuelo Jones, el
edificio; los demás, el interior de la selva... Despacio y
sin hacer ruido... Amos, María... ¿queréis esperar
aquí...?
—No...
—Entonces, por favor... ni un solo gemido. Mordeos
los nudillos, si es preciso... pero ni un ruido.
Se deslizaron hacia el restangular edificio, cada uno
con los ojos puestos en su objetivo. Nada se oía en la
selva, y ni una sombra atravesaba las retorcidas losas
de la plaza... A medida que se acercaban, Sergio pudo
ver que en las cuadradas ventanas del templo
quedaban restos de cristales, que dejaban filtrar
polvorientamente la plateada luz. En el techo,
completamente plano, antenas y placas se alzaban
hacia el negro firmamento; algunas de ellas estaban
quebradas y rotas, caídas sobre, la fachada...
En varias ocasiones, Sergio se volvió a mirar atrás,
temeroso de que Aneberg, a quien había dejado atado
flojamente a la rama de un árbol en el lugar donde se
defendieron de los mandriles, hubiera soltado las
401

