Page 590 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            ¿cómo  puedes  estar  tan  tranquilo,  después  de  haber

            asesinado a un hombre fríamente?


               —A  eso  no  se  le  podía  llamar  hombre  —contestó


            Sergio,  con  inesperada  dureza—.  ¿No  quieres  tú  un

            poco, Huesos?


               El Huesos estaba palidísimo. Su rostro infernal, bajo

            las  costras  que  lo  cubrían,  revelaba  un  espanto  sin


            límites.  Posiblemente  en  su  torpe  cerebro  hubiese

            penetrado la idea de que estaban en peligro de muerte;

            o quizá el terror que se leía en sus rasgos hubiese sido


            causado solamente por la ciclópea ciudad y la columna

            negra. En todo caso, abrió la deforme boca, mostrando

            los  irregulares  dientes  amarillos,  intentó  decir  algo,


            hizo  un  esfuerzo,  lanzó  una  mirada  suplicante  al

            Manchurri, y como único recurso, cogió la botella de


            vino rojo, y la empinó, bebiendo a grandes bocanadas.


               —Pobrecillo... —musitó el Manchurri—. ¿Qué va a

            ser de nosotros ahora? Porque no creo que esa masa se


            quede  quieta  si  quiero  contarle  la  historia  de  la

            muchacha triste de Donegal...


               —No es fácil, no —contestó Sergio, que había estado

            escribiendo unas líneas en un papel—. Nada de fácil...


            Pero  vamos  allá;  siempre  será  mejor  que  estéis

            conmigo, que sé perfectamente lo que tengo que hacer,

            a  que  estéis  solos...  El  lugar  en  que  se  encontraban




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