Page 247 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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más joven y guapa de las cuatro, que se escapó de la

            tienda  en  la  segunda  guardia  y  se  dedicó  a  fornicar


            alegremente detrás de unas piedras con tres legionarios

            a la vez. Debieron ser bastante discretos y silenciosos,

            porque ni el propio Néstor, que tenía el sueño ligero, se


            enteró. Pero aun así el asunto llegó a oídos del tribuno,

            que debía tener oídos de murciélago. Al día siguiente,


            antes de partir, ordenó que el centurión más joven de

            los dos que le acompañaban azotara personalmente a

            los tres implicados. En cuanto a la chica, Ada la tundió


            a conciencia y cuando volvió a salir de la tienda tenía

            un labio roto y un ojo morado.


                  En el pabellón de Gayo Julio se veía luz. El tribuno

            se dedicaba a leer y hacer el papeleo por las noches; no


            debía dormir más de cuatro o cinco horas, aunque de

            día exigía a su cuerpo tanto esfuerzo como les pedía a


            sus  propios  hombres.  Le  había  cedido  a  Clea  su

            hermoso  corcel  blanco  y  él  marchaba  a  pie  con  los

            demás  legionarios.  También  le  había  ofrecido  un


            caballo a Néstor, pero el médico había decidido que, ya

            que  no  le  permitían  correr,  al  menos  caminaría  para


            mantenerse en forma.


                  Agradecida por la galantería de su detalle, Clea se

            dedicaba a echarle miraditas a Gayo Julio y a sonreírle

            con una coquetería que a Néstor le resultaba irritante.


            Tal vez la joven olvidaba que ese mismo romano era



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