Page 246 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 246

muebles,  poseen  cinco  cosas  que  no  tiene  ningún

            armario: dos ojos, dos orejas y lo más peligroso, una


            boca.»


                  Néstor  levantó  la  mirada  hacia  el  cielo,  que  esa

            noche estaba despejado y diáfano. Había luna llena y,


            por  primera  vez  desde  que  salieron  de  Siracusa,  el

            firmamento se veía cuajado de estrellas que brillaban

            aguzadas como minúsculas gemas. Sus ojos se fueron,


            como siempre, al cometa Ícaro. Cuando apareció en la

            primera guardia, algunos soldados romanos señalaron

            hacia su larga cola y lo llamaron Tinia, que debía ser el


            nombre  de  uno  de  sus  dioses.  Después  de  verlo

            durante  seis  años  en  el  firmamento  la  gente  debería

            haberse acostumbrado a él, pero en todas partes había


            astrólogos y adivinos que seguían augurando desastres

            sin  cuento  por  culpa  del  cometa  y  sembraban  la


            inquietud.  Néstor,  aunque  al  principio  se  había

            resistido  a  admitirlo,  tenía  que  reconocer  que  Ícaro

            había  crecido  poco  a  poco  en  ese  tiempo  y  que  su


            núcleo, que había empezado siendo un punto blanco

            como otra estrella más, se veía ahora grueso y teñido


            de unos ominosos tonos rojizos.


                  En la tienda donde dormían Clea y sus criadas se

            oían cuchicheos apagados, pero esta vez no se acercó

            ningún  soldado.  La  primera  noche  algunos  hombres


            consiguieron citarse con una de las chicas, la esclava



                                                              246
   241   242   243   244   245   246   247   248   249   250   251