Page 242 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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compañeros,  las  pullas  de  los  instructores  y  la

            severidad  de  los  centuriones.  Mientras  que  para  sus


            amigos  patricios  las  marchas  de  treinta  y  cuarenta

            millas eran muestra de cuánto les odiaban los mandos,

            sobre todo si eran plebeyos, Gayo Julio se las tomaba


            como excursiones que le servían para poner a punto su

            cuerpo  y  de  paso  estudiar  el  terreno.  Tenía  una


            intuición  nata  para  captar  las  ventajas  y  desventajas

            tácticas  y  estratégicas  de  cualquier  lugar  que

            atravesara.  En  cada  monte  sopesaba  dónde  podía


            repartir arqueros para cubrir el camino y rorarios de

            infantería  ligera  para  apoyarlos,  en  los  bosques

            apostaba  imaginarias  patrullas  de  caballería  y  en


            cualquier  terreno  llano  hacía  cálculos  de  cómo

            desplegar mejor una legión. Cuando le tocaba mandar

            a los demás en los ejercicios de instrucción actuaba con


            rapidez, dejándose llevar por el instinto. Si alguna vez

            cruzaba un río por un vado demasiado caudaloso o se


            adentraba  en  una  vaguada  sin  haber  dominado  las

            alturas, en vez de quedarse bloqueado y recriminarse

            su  torpeza,  como  hacían  tantos  de  sus  compañeros,


            actuaba cuanto antes para arreglar el error, convencido

            de que Belona le sonreiría.


                  Gracias a todo eso había conseguido que lo eligieran


            tribuno por primera vez a los veinticinco años. Aquél,

            hasta ahora, había sido su gran momento de gloria. Por




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