Page 243 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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desgracia, su carrera apenas había avanzado desde su

            primer tribunado. Gracias a su amistad y su parentesco


            político  con  Escipión  había  conseguido  que  los

            censores le inscribieran en el Senado, pero, ¿qué podía

            hacer en él? No mucho antes de morir, su padre había


            vendido  una  de  las  últimas  fincas  para  pagar  las

            lecciones de Euríloco, un maestro ateniense de oratoria


            diplomado en la escuela del centenario Isócrates. Pero,

            aunque Gayo había aprovechado de sobra las clases y

            había adaptado los recursos y las figuras retóricas del


            griego al latín, aquellas enseñanzas servían de poco a

            un simple senador pedario que aún no tenía derecho a

            tomar la palabra ante los padres y conscriptos.


                  Sin el patrimonio necesario para acceder a la élite


            que dominaba Roma, ni siquiera se había presentado a

            cuestor  tras  cumplir  las  diez  campañas  militares


            reglamentarias. La cuestura era el primer escalón en la

            carrera  de  las  magistraturas  que  conducía  hasta  el

            consulado,  pero  por  el  momento  Gayo  había


            renunciado  a  ella,  ya  que  la  idea  de  perder  unas

            elecciones le resultaba insoportable. ¡A sus treinta años,


            mendigando un cargo como el de cuestor, cuando a esa

            edad Alejandro ya había conquistado medio mundo!


                  Pero,  después  de  darle  la  espalda  tanto  tiempo,

            Fortuna le había sonreído con aquel golpe de suerte:


            encontrarse  en  las  Ciénagas  Pontinas  vigilando  las



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