Page 299 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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espaldas, Lisanias no pudo aguantar más el nudo que

            tenía en la garganta y empezó a llorar. Había visto en


            los rostros de los demás el temor por la destrucción del

            mundo, pero él sólo podía sentir dolor por Alejandro.

            En sus ojos había una sombra de desesperación, como


            si las tinieblas del Hades hubieran penetrado en ellos.

            Su tristeza, bien lo sabía Lisanias, no era sólo porque


            presintiera  su  propia  muerte.  Se  avecinaba  el  fin  de

            todo  y  Alejandro,  como  rey  de  los  hombres  e

            intermediario  entre  ellos  y  los  dioses,  se  sentía


            responsable  de  su  suerte  y  a  la  vez  impotente  para

            evitarla.


                  Lisanias salió al patio. Mientras se lavaba la cara en

            el aljibe, pensó que tal vez Alejandro también estaba


            llorando y que por eso había rechazado su compañía.

            Después se preguntó si con Hefestión habría hecho lo


            mismo.  Sospechaba  que  sí.  Los  dioses  deben  llorar

            solos.































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