Page 300 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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LA RAMA DORADA


                  ¿Quieres  ver  algo  interesante?  Embebido  en  sus

            notas, Néstor no había oído ni sentido nada hasta que


            Gayo Julio le puso la mano en el hombro.

                  —¿Ahora?  Debe  de  ser  muy  tarde  —respondió,


            volviendo la mirada hacia atrás.


                  La  luna  llena  se  acercaba  a  su  cenit,  pero  su  faz

            aparecía manchada por la cabellera del cometa, que se

            había cruzado en su sendero.


                  —Es casi medianoche. El momento preciso —dijo


            Gayo Julio.


                  A  Néstor  se  le  habían  pasado  las  horas  sin  darse

            cuenta.  Pensó  que  después  de  caminar  todo  el  día


            debería  notar  sueño,  pero  tenía  los  ojos  tan  abiertos

            como  un  búho.  Aunque  el  firmamento  seguía  claro

            como cristal de roca y apenas soplaba el viento, en el


            aire flotaba algo electrizante, una especie de presencia

            extraña que le alteraba los nervios y le hacía rascarse la


            nuca cada pocos segundos.


                  Gayo  volvió  a  observar  la  menuda  y  compacta

            caligrafía de Néstor. Por un momento, al ver que los

            ojos del tribuno bailaban de un lado a otro en pequeños


            saltos, el médico se temió que pudiera leer lo que había

            escrito.  Mientras  hablaba  para  distraerle  y  no  dar  la

            impresión de que le quería hurtar de la vista las notas,





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