Page 346 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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había salido a la puerta era para hacer mutis con
discreción. Pero ella se quedó allí, puso las manos en
jarras y les miró con todo descaro. Vestía una túnica de
hombre que sólo le llegaba hasta las rodillas y dejaba al
descubierto los brazos, morenos y fibrosos. Tenía el
cabello negro y recogido en un moño torcido detrás de
la nuca del que brotaban varios mechones rebeldes. Sus
labios eran carnosos y su nariz ancha. A su modo era
atractiva, aunque con aquellos hombros macizos, la
pose viril, las pantorrillas musculosas y los ojos negros
y coléricos tenía pinta de comérselos crudos de un
momento a otro. Tras mirarlos un rato, le puso una
mano en la barbilla a Euctemón para obligarle a que la
mirara. Él apartó la cara, pero ella insistió.
—¿Qué te pasa en los ojos? ¿Es que no puedes
tenerlos quietos?
—No sé —contestó él.
—¿No sabes tenerlos quietos o no sabes si puedes
tenerlos quietos?
—No sé.
—Qué personaje. —Ella volvió la mirada hacia
Demetrio y le recorrió de arriba abajo con gesto de
tratante de ganado, mientras mascaba almáciga y lucía
unos dientes blancos y perfectamente colocados—.
¿Qué habéis hecho vosotros para que os traigan aquí?
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