Page 342 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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improvisado sombrajo, un hombre vestido tan sólo con
un taparrabos se dedicaba a comer aceitunas y beber
vino, mientras consultaba las tablillas de cera que le
presentaba un soldado.
—¡Capitán Leónato! —le llamó Lisanias.
El tal Leónato se levantó, ciñéndose el taparrabos
para que no se le cayera, aunque la prenda volvió a
resbalarle por la tripa y se quedó donde estaba, a punto
de enseñar más de lo debido. El capitán era un tipo
velludo, con el pecho blanco de canas y el cuerpo
surcado de cicatrices. Lisanias estiró el brazo para
entregarle el rollo sin acercarse mucho, como si aquel
hombre pudiera contagiarle un miasma, y se marchó
sin decir palabra.
El capitán abrió el sello de lacre, desenrolló el
papiro y empezó a leerlo; al darse cuenta de que le
estaban oyendo, bajó la voz y deletreó el contenido en
bisbiseos. Cuando terminó, pasado un buen rato, miró
a Euctemón y le dijo:
—Me parece muy bien que quisieras estrangular a
ese hijo de una ramera y un jabalí sarnoso. La pena es
que no le apretaras bien el cuello hasta que se le
salieran los ojos como dos huevos duros. Pero si se te
ocurre, no digo ya ponerme la mano encima, sino tan
siquiera dirigirme la palabra sin que yo te lo ordene, te
empalo en una sarisa y te pongo al sol para que los
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