Page 343 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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cuervos te picoteen las pelotas, ¿entendido?
Euctemón, sin dejar de balancear los ojos de arriba
abajo, asintió.
—¡Grilo! —llamó Leónato con voz estentórea.
Demetrio supuso que llamaba a alguien en la otra
punta del campamento, pero quien acudió fue el
soldado de las tablillas, que estaba detrás de él.
—Sí, capitán.
Leónato volvió a enrollar el papiro y se lo entregó.
—Otros dos nuevos. Fíjate, llevamos más de un año
pidiendo que nos envíen refuerzos para poder formar
un cuadrado decente, y ahora en dos días nos mandan
cuarenta boquerones. Y éstos ni siquiera son
macedonios.
—Seguro que Alejandro pretende que tomemos
Roma nosotros solos.
—No esperaría menos de él. Bueno, lee esto a ver
qué te parece Mientras Grilo leía el papiro con algo más
de soltura que su superior, llegó otro soldado nuevo,
escoltado por cuatro hombres que también lo dejaron
allí y se fueron. El recién llegado era un joven
musculoso y moreno, de cabello crespo y muy negro.
Se presentó ante el capitán como Cérdidas, de Tarento.
Debía creerse un émulo del bello y tormentoso
Alcibíades, pues en el escudo llevaba pintado un Eros
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