Page 362 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Estoy seguro de que la guerra durará más y tú y yo
tendremos nuestra oportunidad. En cualquier caso —
añadió, apretándole el hombro—, nadie podrá
arrebatarte la primera victoria sobre los macedonios.
El pretor envió a los soldados macedonios a la
prisión del Tuliano con la promesa de que se les trataría
con humanidad; pero, en cuanto a la esposa de
Alejandro, albergaba algunas dudas.
—Tal vez no deberías haber entrado con ella en el
pomerio. Al fin y al cabo es una reina.
Cuando los romanos expulsaron a Tarquinio el
Soberbio y fundaron la República casi doscientos años
atrás se decretó que ningún soberano volvería a entrar
en el recinto sagrado de la ciudad. Ahora, Gayo se
volvió y miró de reojo a la joven Agatoclea, que
esperaba muy digna junto al médico.
—No es lo mismo ser reina que una de las esposas
de un rey, así que creo que a esa joven no se le puede
aplicar la norma. A ella y al hombre que está con ella
los alojaré en mi propia casa. Yo respondo de ellos.
—Ahora que lo dices, ¿quién es ese tipo alto con
aspecto de celta?
—Es Néstor, el médico personal de Alejandro. Un
rehén muy interesante.
Escipión le miró a los ojos. Gayo había tratado de
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