Page 361 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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había estado a punto de ejecutar a su lugarteniente
Quinto Fabio, el magister equitum. En descargo suyo,
había que decir que a la hora de la verdad Papirio había
barrido a los samnitas del campo de batalla. La victoria
podría haber sido definitiva, pero los soldados estaban
enojados con él por culpa de su pelea con Fabio, que
era muy popular, y a la hora de perseguir y aplastar a
los samnitas se mostraron tan remolones que dejaron
al enemigo huir y reorganizarse para futuras
campañas. Incluyendo la humillación a la que habían
sometido a una legión entera en las Horcas Caudinas.
Pero no eran los soldados quienes elegían al
dictador, sino el Senado quien lo proponía y los
magistrados con imperium quienes lo nombraban. En
esta ocasión había sido Bárbula, el cónsul que más
votos había conseguido ese año y, además, secuaz y
amigo personal de Papirio.
Si bien el nombramiento no sorprendía a Gayo Julio,
tampoco le alegraba. Su familia nunca se había llevado
bien con la gens Papiria y, para ser más concretos, el
dictador y su difunto padre habían sido enemigos
personales. Que Papirio se convirtiera en el amo casi
absoluto de la milicia y la política romanas no
auguraba ningún puesto destacado para Gayo en la
inminente guerra contra Alejandro.
—Son sólo seis meses —le consoló Escipión—.
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