Page 366 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Cornelia le miró a los ojos, y por un instante brilló
en ellos esa severidad acerada que tanto temor le
imponía de niño.
—No se puede confiar en los hombres. Sexto ha
estado aquí al amanecer y la ha asperjado con agua
lustral. Dice que Julila puede estar poseída por una
larva.
Su madre, la única en la casa que llamaba a la niña
Julila y no Lila, agachó la cabeza y siguió con sus
preces. Gayo Julio se apartó de ella y rindió un rápido
saludo a la capilla de los dioses domésticos, un larario
en forma de pequeño templete en el que aparecía el
genio de la familia escoltado por dos lares y una
serpiente, ya descoloridos.
Su hermana estaba tendida en la cama,
castañeteando los dientes entre escalofríos que no
podía controlar, mientras la fiel Martina, la esclava que
los había criado a todos, le agarraba la mano y le secaba
la frente con un paño. Gayo Julio le dio un beso y notó
en los labios que tenía fiebre. Lila abrió los ojos y le
sonrió. A la pobre, para colmo, se le había caído un
diente.
A Gayo no le extrañó que su primo Sexto, sacerdote
encargado del culto a Volturno, achacara el mal de la
niña a un genio maligno. Lila había adelgazado tanto
que no parecía ella: era todo ojos febriles y húmedos en
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