Page 364 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Está  indispuesta,  domine.  Esta  mañana  ha

            vomitado.


                  —Qué raro —rezongó Gayo.



                  Desde que Valeria estaba encinta no se podía contar

            con ella para nada. Ya había pasado lo mismo con su

            primer  embarazo:  vómitos,  malas  caras,  manías  y


            caprichos,  días  y  días  sin  moverse  de  la  cama.  Para

            colmo, había terminado en aborto. Aquel matrimonio

            daba  muy  pocas  satisfacciones  a  Gayo;  estaba


            pensando  en  divorciarse  de  ella  si  esa  segunda

            gestación tampoco llegaba a buen término. Nunca le

            había  convencido  su  prometida,  por  mucho  que  su


            familia tuviese tanto lustre que sólo a los Valerios se les

            permitía abrir la puerta de su casa hacia la calle. Por eso


            no se había casado con ella por el ritual sagrado de la

            confarreación,  lo  que  le  habría  supuesto  cargar  con

            Valeria el resto de su vida.



                  Su  madre  tampoco  salió  a  recibirlo.  Le  mortificó,

            pero tampoco le extrañó. Desde que su padre muriera

            con  la  pierna  engangrenada  por  una  flecha  samnita,


            cuatro  años  atrás,  Cornelia  se  había  ido  encerrando

            cada  vez  más  en  sus  recuerdos,  su  mente  se  había

            deteriorado poco a poco y ya hacía tiempo que había


            dejado  de  cumplir  con  sus  deberes  de  matrona.  La

            única mujer de su familia que se comportaba como una

            romana era Julia, y ya no pertenecía a su casa, sino a la



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