Page 367 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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una carita afilada como la de un ratón.Y las palabrotas

            y juramentos que soltaba en los peores momentos de


            sus convulsiones no podían salir de la boca de una niña

            de seis años.


                  Néstor  se  sentó  en  cuclillas  junto  a  la  cama  y


            examinó  a  la  niña,  que  había  vuelto  a  cerrar  los

            párpados y respiraba con un áspero estertor, mientras

            abría  y  cerraba  los  dedos  de  la  mano  derecha  en


            movimientos espasmódicos.


                  —Dices que se cayó de un árbol del patio.


                  —Sí —respondió Gayo—. Estaba jugando con sus

            primas, se subió a por una pelota y la rama se tronchó.


            Yo lo vi y salí corriendo, pero llegué tarde. Cayó sobre

            el hombro, y de rebote se golpeó la sien contra el suelo.

            Al principio sólo se quejó del brazo, pero se le pasó en


            un par de días.


                  —Entiendo.  Y  cuando  lo  teníais  olvidado,  de

            repente...


                  —Ocurrió dos semanas después. Yo estaba cenando


            en  casa  de  Flavio,  un  amigo,  cuando  vinieron  a

            avisarme. Lila estaba jugando con Pulcra —dijo Gayo,

            señalando  a  una  muñeca  de  madera  con  cabellos  de


            lana que estaba tumbada al lado de Lila como si fuera

            su hermana pequeña— cuando Martina se dio cuenta


            de que empezaba a hablar de una forma muy rara.




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