Page 369 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Tiene problemas para comer?
—Mira cómo está la pobre —dijo la mujer,
levantando el brazo de la niña. Se veía tan flaco como
el de la muñeca de madera—. Apenas puede tragar, y
después lo vomita casi todo.
Ahora la niña se había dormido y su respiración era
lenta y profunda. Néstor le descubrió el brazo. Tenía
unas marcas en el hombro derecho.
—Le han aplicado una sanguijuela. Qué manía de
sangrar a la gente. Pregúntale quién ha sido, por favor.
—Fue idea del barbero, domine —contestó
Martina—. Dijo que a la niña le sobraba sangre, que si
había perdido la palabra era por un exceso de sangre y
que la sanguijuela le podía absorber el mal.
Néstor meneó la cabeza, contrariado. Después
chasqueó los dedos un par de veces junto a la oreja
derecha de la niña. Ella abrió los ojos un poco, pero
despistada, como si en realidad no le viera. El médico
se agachó sobre ella y le examinó los ojos de cerca.
—Necesito algo que me dé más luz.
Miró a su alrededor, y al ver las lamparillas de
cerámica encendidas ante el larario se levantó y cogió
una. Cornelia hizo ademán de protestar.
—Madre, déjale —dijo Gayo en tono severo.
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