Page 368 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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La mujer asintió, sin dejar de mirar a Lila.
—Era como si quisiera buscar las palabras y no las
encontrara. ¡Mi pobre niña, qué cara de miedo se le
puso! Boqueaba como un pececillo —dijo la esclava.
Gayo tradujo sus palabras, absteniéndose del último
comentario.
—¿Recuperó el habla? —preguntó Néstor.
Gayo volvió a mirar a Martina. Ella había estado
más tiempo con Lila, así que le tradujo la pregunta y
siguió haciendo de intérprete entre ella y el médico.
—Después de aquello, sí —explicó la esclava—.
Pero a menudo le vuelve a pasar lo mismo y se queda
sin saber qué decir. También se inventa palabras que no
existen, o suelta obscenidades que no son propias de
una niña.
—¿Alguna otra señal?
—Se queja de que se le duerme una pierna, y
también un brazo, y a veces casi no puede ni moverlos.
Eso cuando no le dan convulsiones.
—¿La pierna y el brazo del lado derecho?
Ella miró sorprendida al médico y asintió. Gayo
Julio sonrió. El médico sólo tenía una posibilidad entre
dos de equivocarse. Aquella pregunta tenía que ser una
fanfarronada para impresionarles, seguro.
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