Page 379 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Tenéis  que  mantenerlas  abiertas  —les  dijo  a

            Agatoclea y Julia, que estaban pálidas como la cera.


                  Él mismo aplicó unas finas pinzas en ambas heridas


            para retirar la piel y dejar el hueso al descubierto, y

            después  dejó  que  sus  ayudantes  las  sujetaran.  Gayo


            Julio se había encontrado con muchos muertos en el

            campo  de  batalla,  había  presenciado  terribles

            mutilaciones y en una ocasión había visto dos de sus


            propias  costillas  al  aire;  pero  era  muy  distinto

            contemplar  el  cráneo  abierto  de  su  hermana  de  seis

            años.


                  Agatoclea  y  Julia,  hombro  con  hombro  y


            conteniendo el aliento, aguantaron las pinzas mientras

            Néstor escogía una extraña herramienta en forma de T


            con el extremo provisto de dientes. Cuando lo aplicó al

            cráneo de Lila y empezó a dar vueltas, el chirrido de la

            sierra  taladrando  el  hueso  hizo  que  todo  el  mundo


            rechinara las mandíbulas y cerrara los ojos.


                  Tras  practicar  ambos  orificios  salió  más  sangre  y

            Néstor  volvió  a  limpiar.  A  continuación  utilizó  otro


            instrumento exótico, una vejiga de animal rellena de

            agua hervida con sal y unida a un fino tubo de cobre.

            Aunque Gayo no lo veía bien porque el propio cuerpo


            del  médico  le  estorbaba,  tuvo  la  impresión  de  que

            estaba introduciendo el tubo por uno de los pequeños

            orificios  que  había  practicado  en  el  cráneo  y  luego



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